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» » » » BUEN HUMOR Y PACIENCIA... La fórmula para sobrellevar las colas








Domingo por la mañana. El sol apenas despunta y las colas delante de un supermercado estatal junto a un barrio humilde de Caracas ya son enormes, reseña Reuters. Se rumora que llegó leche y la expectativa se palpa entre los cientos de amas da casa, jubilados y adolescentes frente al supermercado Bicentenario.

Cuando los guardias de seguridad abren finalmente las puertas, los clientes se emocionan al encontrar estantes repletos de la codiciada leche. Pero papel higiénico, otro producto muy buscado en la Venezuela de hoy, no hay.

Resignados hace ya tiempo a las tediosas esperas para pagar cuentas de luz o renovar sus carnés de identidad, este año los venezolanos comenzaron a enfrentar también largas filas para comprar alimentos, ropas, electrodomésticos y otros artículos cotidianos.

“Lo peor es el sol”, dijo el jubilado Hernán Torres, de 68 años, que se protegía con un paraguas en las afueras de Bicentenario.

“Supongo que hasta puede ser divertida si todo el mundo esta conversando y contando chistes”, añadió. “A veces la gente se pone como caballo desbocado y las cosas pueden tornar feo. No es fácil”.

Para los críticos del Gobierno, las filas son un humillante nuevo símbolo del fracaso económico del socialismo venezolano parecido, dicen, a lo que ocurre en Cuba.

Pero el presidente Nicolás Maduro dice que la escasez es principalmente causada por empresarios inmorales que acaparan productos. Eso, según dice, es exacerbado por el “consumismo” de los venezolanos, que no parece haber sido atenuado por 15 años de socialismo.

“Llamo a todo el mundo a ahorrar, a moderar el consumo”, dijo en uno de sus muchos llamados a la población este mes.

Los partidarios de Maduro dicen que el aumento de las filas en las últimas tres semanas, no sólo para comprar comida, sino también televisores de pantalla plana, ropa deportiva importada y otros artículos que no son de primera necesidad, demuestra en realidad la popularidad de sus planes para abatir los precios a la fuerza.

Con la inflación en un 54 por ciento anual en octubre, Maduro despachó soldados, inspectores y funcionarios a las tiendas para obligar a las minoristas a bajar sus precios. Según el presidente, eso creará una inflación negativa.

Sus oponentes advierten, sin embargo, que eso sólo inhibirá los negocios y empeorará la escasez de productos.

La llamada “ofensiva económica” de Maduro llega justo antes de las elecciones locales del 8 de diciembre, la primera gran prueba de su fortaleza política desde que ganó por estrecho margen en abril los comicios presidenciales para reemplazar a su mentor, el fallecido Hugo Chávez.

“Había que bajar los precios. Eso sí era bueno. El problema ahora son las compras compulsivas”, dijo Héctor García, de 32 años, un empleado de un estacionamiento que llegó a una tienda de Nike a las 4 de la madrugada para ser el primero en la fila cuando el comercio abriera sus puertas seis horas después.

Radiante en el primer lugar de la fila, García dijo que iba a comprar zapatillas deportivas por 2.000 bolívares, tres veces menos que antes de la “ofensiva” de control de precios lanzada este mes por el Gobierno. Eso equivale a 317 dólares a la tasa oficial de cambio de 6,3 bolívares por dólares, pero apenas a 33 dólares usando la tasa del mercado negro ilegal.

Mejor no intentarlo con tacones

A los venezolanos les entristece ver videos que circulan en internet de personas abalanzándose sobre las tiendas o gritando y hasta empujándose cuando llegan ciertos productos.

“Me siento tan impotente. Venezuela ya está hecha pedacitos. Ahora compramos todo racionado, es vergonzoso”, dijo Narky Rodríguez, de 38 años, una ingeniera que esperaba en la fila para entrar a una ferretería en busca de pintura para su apartamento.

Alrededor suyo, algunos asintieron mientras que otros la criticaron abiertamente.

Abundan las anécdotas de peleas en las filas, a menudo cuando la gente empieza a quejarse del Gobierno y provocan a los “chavistas”, que no quieren escuchar nada malo sobre el legado de su venerado ex líder, muerto de cáncer en marzo.

Conscientes de la volatilidad en las calles de Venezuela, las autoridades están colocando soldados, policías y miembros de las milicias en los alrededores de las tiendas para evitar problemas. Las personas a menudo reciben un número y son autorizadas a entrar a la tienda en grupos de 10 o 20. Hay límites sobre la cantidad de artículos que una persona puede comprar en cada visita a la tienda.

Y en esas circunstancias, el ingenio abunda.

Por unos cientos de bolívares, algunas personas guardan un lugar en la fila. Y un soborno puede ofrecer un considerable atajo al interior de una tienda. Los compradores a veces llevan consigo a sus padres ancianos o niños pequeños para maximizar sus cupos de compra.

Cuando llegan productos nuevos, la voz corre en cuestión de segundos a través de teléfonos celulares y las redes sociales. Algunos venezolanos se han vuelto extremadamente curiosos, al punto de mirar las bolsas de los demás en la calle para ver lo que otra persona logró comprar y luego averiguar dónde.

El fenómeno de las filas se ha vuelto tan arraigado que los sicólogos están ofreciendo consejos a los medios locales.

Deje sus tacones altos en casa pero llévese un buen libro, recomienda uno de los expertos, advirtiendo que el comportamiento en la fila reflejará, para bien o para mal, la esencia de su personalidad.

En una nación cuyos habitantes están siempre dispuestos a reírse de sus problemas, el humor negro está floreciendo. En el aeropuerto, algunos despiden a sus familiares que van de viaje bromeando “¡Tráenos papel tualé!”, por el papel higiénico.

Un diario opositor publicó una caricatura de una vendedora exclamando con alivio “Al menos no hay filas” mientras espera por el ascensor. Cuando entra a la tienda se da cuenta porqué: en las estanterías vacías no quedan más que telarañas.

El principal sitio web satírico del país, Chiguire Bipolar, ironizó con historias surrealistas de filas que terminaban por unirse en un círculo o una mujer que “hizo una cola para que la dejaran hacer cola para guardar un puesto en una cola”. Eso, mientras otra mujer daba a luz a su lado.

“El país es una inmensa cola a la búsqueda de cualquier mercancía”, escribió el sociólogo Tulio Hernández, en el diario pro oposición El Nacional, añadiendo que el símbolo del socialismo venezolano no era el “hombre de hierro” como en Rusia o en Cuba, sino una persona extenuada con un rollo de papel higiénico en una mano y un televisor de pantalla plana en la otra.

Reuters/ Reporte de Andrew Cawthorne. Editado en español por Esteban Israel
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